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Lunes, 5 de diciembre de 2022



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Life is Strange: El arte de las buenas historias

Pablo Vargas | Miércoles 10 agosto, 2022


Pablo Vargas
Cortesía/La República.


Un verdadero vacío emocional. Así se puede describir la sensación que nos quedó tras el espectacular y emotivo final de Life is Strange. Una mezcla de emociones encontradas que le permitió consagrarse como una de las mejores historias que hayamos podido disfrutar en la última década, gracias a una trama impresionante y sumamente emotiva que engancha de principio a fin.

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Cada giro completamente inesperado en su historia, cada personaje secundario y principal estructurado monumentalmente, cada partícula del apartado gráfico que se ve reflejado en las maravillosas fotografías que la protagonista almacena en su diario -ese pequeño álbum de recuerdos que resumen la semana de una joven que jamás pensamos evolucionaría tan radicalmente-, cada nota de la banda sonora que brilla con luz propia y cada detalle de la cultura de nuestra generación plasmado una historia que será imposible sacar de nuestra memoria una vez hayamos concluido nuestra aventura.

Y es que al final de la aventura, no queda mayor sensación en los huesos de que se está disfrutando de algo tan único y especial, que la vida no será igual tras haber concluido la travesía de Max por salvar a su mejor amiga de lo que parece una muerte inevitable, sintiendo el peso de cada una de las decisiones que tomamos, en una historia en la que todos los detalles, por más ínfimos que parezcan, cuentan y en el que no aceptar o tomar una simple llamada puede desencadenar una serie de eventos que nos golpearán de frente, sin haberlos visto nunca llegar, y dejarán una gran huella emocional que será difícil de compensar.

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Contra todos los pronósticos, sus creadores han plasmado en Life is Strange un verdadero soplo de aire fresco en la industria, al mezclar de forma precisa los factores que han convertido a joyas como Heavy Rain, The Walking Dead y The Longest Journey en referentes de su género, con la esencia de obras maestras como lo son Twin Peaks -la relación que existe entre Rachel Ambers y Laura Palmer como hilo conductor es escalofriante y mágica al mismo tiempo-, o El Fin de la Eternidad.

Su espectacular ambientación y la fortificada caracterización de personajes femeninos, alejándose de los estereotipos de la damisela en apuros y tocando sin contemplaciones la crudeza del suicidio, el abuso sexual, el cyber-acoso, la pedofilia, la eutanasia, el consumo de drogas y la muerte de los seres queridos, sin llegar a convertirse en un panfleto de descarga social, pero identificando de principio a fin al jugador con todo lo que tienen que soportar las protagonistas del juego, que a pesar de los obstáculos, nunca se rinden en la búsqueda de sus objetivos, prevaleciendo siempre el valor de la lealtad y la amistad, y la respuesta a la pregunta de qué tan lejos estaríamos dispuestos a llegar por salvar a un ser querido.

Lo que empieza como la historia de dos amigas de la infancia que se reencuentran tras años de ausencia, da paso a una historia excepcional ante la desaparición de Rachel Ambers, la amada y ejemplar estudiante de Arcadia Bay y el descubrimiento de la habilidad de Max de poder retroceder el tiempo, terminará involucrando a la pareja de protagonistas en una red de asesinatos, tráfico de influencias, trata de blancas, corrupción familiar y una cuenta regresiva por salvar un pueblo que carga en sus hombros con un oscuro secreto; mientras sus habitantes aguardan la llegada eminente de un brutal desastre que se encuentra ligado al destino de la joven pareja.

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Todo esto condimentado en un poderoso argumento narrativo que se convierte en una verdadera oda al arte de contar buenas historias, gracias a cada uno de los giros que dará el juego en sus cinco episodios hasta ese magistral final que aún hoy, nos sigue dejando sin aliento y con el corazón en la mano.

Desde su hermosa paleta de colores, hasta el peculiar diseño de los personajes y las historias que le rodean, la desarrolladora francesa ha logrado impregnar en el juego la atmósfera de un trabajo hecho con esmero y cariño, reflejando la personalidad de cada uno de los secundarios y la esencia geek de una protagonista que se siente tan natural y cercana que es imposible no identificarse con cada uno de los personajes que le rodea y el destino final de sus acciones.

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Y ahí es donde reside la clave de Life is Strange. Lo mucho que el jugador llega a identificarse con cada personaje hasta en el más pequeño detalle. Porque donde otros títulos del género fallan, la desarrolladora francesa logra crear unos vínculos tan fuertes con cada uno de los personajes de la historia, que una mala decisión tomada en el juego seguirá pensando en nuestra conciencia, llegando a llorar la muerte de un personaje como propia o provocando la liberación del alma tras lograr llegar a buen puerto al final de cada episodio, sin omitir un desenlace que no dejará a nadie indiferente y provocará esa sensación de vacío que durará por meses, pero al mismo tiempo de agradecimiento al encontrarnos una experiencia única e inigualable que permanecerá por siempre en el corazón y la memoria.

Calificación final: 9/10





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